La sacudida en la directiva de los Fever llega tarde. Ahora toca fichar gente de baloncesto
Amber Cox se va y Kelly Krauskopf dimite: el cambio en Indiana era necesario, pero solo lo arreglará un fichaje de baloncesto de verdad, no un nombre con titular.
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¿Se pueden llenar los pabellones de toda la liga y, aun así, ser un equipo de baloncesto mal gestionado? Las Indiana Fever están defendiendo con bastante solidez que sí.
En un solo viernes, la organización perdió a su presidenta y a su directora general. Kelly Krauskopf dimitió y, horas después, The Associated Press informó de que la directora general, Amber Cox, había sido despedida, según una persona conocedora de la decisión. Cox llegó en 2024 como directora general y directora de operaciones a la vez, el mismo año en que Caitlin Clark entró como número 1 del draft. Según Alexa Philippou, de ESPN, recogida por Sports Illustrated, se espera que la entrenadora Stephanie White continúe por ahora.
El marcador nunca estuvo a la altura de la taquilla
Los llenos y los récords de audiencia son reales. Las Fever se convirtieron en uno de los equipos más populares de la liga, y Cox estuvo presente en todo ello. Pero, a nuestro juicio, esa popularidad se la regaló Clark a la franquicia. No la construyó la directiva.
Los resultados deportivos son lo que nadie puede maquillar. Como señala Sports Illustrated, la temporada 2026 acabó con una derrota en primera ronda ante las Aces, la segunda eliminación en primera ronda desde que llegó Clark. Clark ha ganado un partido de playoffs y ha jugado cinco en su carrera. Angel Reese, de su misma promoción del draft, juega las Finales este año.
Creemos que esa es la verdadera acusación. Una franquicia que ficha a una jugadora capaz de atraer a toda una generación debería convertir esa ventaja en fondo de plantilla, tiro, defensa y un equipo capaz de sobrevivir a un año de mala suerte. En cambio, Indiana afronta una offseason clave con la ampliación de contrato de su estrella sin resolver y con su compañera de backcourt, Kelsey Mitchell, como agente libre sin restricciones.
El doble cargo de Cox parece el problema estructural
Juntar las funciones de directora general y de operaciones suena eficiente. En un mercado donde el negocio se dispara, también significa que se espera que una sola persona dirija la parte comercial y, a la vez, construya un aspirante al título. Nos da la impresión de que lo primero puede haberse tragado lo segundo. No podemos demostrarlo con la documentación, pero el resultado encaja.
También está la cuestión del tono. Tres semanas antes de su despido, Cox dijo en las entrevistas de fin de temporada que «los ataques a nuestra afición no tienen base en la realidad». Añadió que quien traspase la línea debe rendir cuentas. Brianna Turner, exjugadora de las Fever, respondió que la declaración era «inequívocamente falsa». No afirmaríamos que ese cruce de mensajes le costara el puesto a Cox, y nada de lo publicado lo dice. Pero a nosotros nos sonó a una ejecutiva más centrada en defender la marca que en arreglar el ruido que la rodea.
El próximo fichaje decidirá si fue un reinicio o un simple baile de sillas
La agenda que viene es durísima: la ampliación de Clark bajo la nueva cláusula EPIC, la agencia libre de Mitchell y un foco mediático que ha convertido al equipo en vehículo de discusiones ajenas a la cancha. SI resume el objetivo con una frase de Sophie Cunningham: el equipo necesita «volver al baloncesto».
Nuestra postura es clara. Indiana debería separar los cargos. Que contrate a un presidente que dirija el negocio y a una directora general cuyo currículum sea la evaluación de jugadoras, la confección de la plantilla y la estrategia del tope salarial. Que no fiche un nombre solo por el titular. De los titulares ya se encarga Clark.
El riesgo es que las Fever lo traten como una operación de imagen, cambiando caras y dejando la misma estructura. Una salida y un despido dan para una historia de fin de semana. Contratar a dos buenos sustitutos da opciones al título.
Nuestro veredicto: la sacudida era necesaria y probablemente llegaba tarde, pero solo cuenta como progreso si se elige a los sustitutos, ante todo, por su criterio de baloncesto. Una estrella puede llenar un pabellón. Ganar en él requiere un plan.
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