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Redacción Sportsfera
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Rettig acierta en el fondo sobre el Man City, pero se equivoca en la práctica

El director del DFB quiere retirar la licencia al Man City y todos sus títulos. El instinto es correcto, pero un castigo máximo es improbable y podría minar las normas que pretende proteger.

Publicado
24 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: Chris Morgan / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

Cuando un alto cargo del fútbol alemán recurre a la expresión "Super-GAB", el mayor caso de fraude imaginable, dice mucho de lo poco que confía en un desenlace corriente. Para nosotros, esa frustración es la verdadera noticia, más que la retórica.

Esto es lo que ha pasado. Según Reuters, el City ha sido declarado culpable de todos los cargos menos uno, de un total de 115, y se espera un recurso. Los cargos abarcan de 2009 a 2018 y, según Spiegel, el club habría dado información falsa sobre sus finanzas e inflado sus ingresos por patrocinio. Ahora, el director del DFB, Andreas Rettig, que deja su puesto a final de año, ha dicho a Kicker que quiere que la UEFA "saque las garras" y aplique la sanción máxima: "retirada de la licencia y anulación de todos los títulos".

La indignación está justificada, porque las normas sin dientes son meras sugerencias

El argumento central de Rettig es difícil de rebatir. Sostiene que el City pisoteó el principio de gastar solo lo que generan los ingresos atribuibles. Ese principio es la razón de ser de la regulación financiera. Si un club puede ser declarado culpable de 114 cargos y las consecuencias se reducen a una multa y un encogimiento de hombros, el resto de clubes aprende la misma lección: cumplir es opcional y litigar es una partida más del presupuesto.

Creemos además que el momento importa. El veredicto llegó a finales de septiembre, y el liveticker de ran señala que la resolución definitiva aún podría tardar meses. No hace falta ser rival del City en Alemania para que esa espera sin fecha resulte incómoda. La confianza en un proceso se erosiona con cada mes que se alarga sin consecuencias.

Pero borrarlo todo es el castigo con menos probabilidades de sobrevivir a la realidad

Aquí nos separamos de Rettig. Retirar todos los títulos y la licencia suena limpio en un podio, pero creemos que sería un campo minado jurídico y logístico. Ya se espera un recurso. Una sanción que borre una década de resultados invitaría probablemente a la impugnación más agresiva posible, y cualquier fallo de procedimiento se convertiría en la vía de escape del club. El castigo más duro es el más fácil de revocar.

También conviene señalar que Rettig se dirige a la UEFA, cuando el veredicto de culpabilidad procede del propio procedimiento de la Premier League. Sospechamos que esa diferencia es deliberada, aunque es una lectura nuestra, no algo que él diga. Según Spiegel, la sanción que ahora se espera es una importante deducción de puntos que supondría el descenso a la Championship. Es un pronóstico, no una resolución, y lo tomaríamos con cautela. Pero si incluso ese margen está sobre la mesa, una sanción creíble no exige la opción nuclear.

Hay además un problema de equidad. Rettig describe al City como solo "la punta más visible del iceberg". Si es cierto, la ejecución simbólica de un solo club es buscar un chivo expiatorio, no reformar. Castigar con dureza al City y dejar intacto el sistema que lo hizo posible parecería justicia y no cambiaría nada.

El sermón sobre el 50+1 es la parte menos convincente

Rettig aprovechó la ocasión para defender la regla 50+1 alemana y atacar al RB Leipzig, de cuyos orígenes dice que son una "clara elusión". Bien, es su trabajo y su opinión. Pero como argumento sobre el City es forzado. La estructura de propiedad no redactó los supuestos acuerdos de patrocinio; lo hicieron personas que se saltaron las normas. Los clubes alemanes también cuentan con respaldo empresarial, y el propio Rettig nombra al Leverkusen y al Wolfsburgo en la misma frase. Usar un caso de fraude financiero para dirimir una disputa de gobernanza nacional diluye su mejor argumento.

Nuestro veredicto

Rettig tiene razón en que la sanción debe doler y en que está en juego la credibilidad. Probablemente se equivoca al pensar que la vía de todos los títulos y sin licencia es viable o sensata. Lo mejor sería una sanción severa y defendible que resista de verdad el recurso, como una gran deducción de puntos acompañada de un mensaje claro de que los reincidentes se enfrentarán a más. Un castigo que se aplica vale más que uno perfecto que se anula. Para quienes miramos desde fuera de Inglaterra, la prueba es sencilla: si la sanción final es más leve que las conclusiones, esperad más voces como la de Rettig, y esperad que tengan algo de razón.

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