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Redacción Sportsfera
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El Valencia necesita ganar, pero su problema de fondo es la sangría de confianza

Aguirre quiere que Mestalla empuje al Valencia ante el Villarreal, pero tres puntos solo aliviarían a un club sin más plan visible que sobrevivir.

Publicado
24 de octubre de 2026
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3 min
Categorías
Fútbol

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¿Puede una sola victoria arreglar un club que habla de intensidad y de afición antes que de fútbol? Esa es la incómoda pregunta que hay detrás del mensaje de Javier Aguirre antes del derbi del Valencia contra el Villarreal: la plantilla quiere darle la vuelta a la situación y debe salir al campo sabiendo que juega en Mestalla, delante de su gente. Es un mensaje sincero. También es revelador.

Los hechos son duros y el lenguaje va en consonancia

El Valencia fichó a Aguirre, de 67 años, con un contrato hasta final de temporada y el encargo de lograr la permanencia en LaLiga. Su debut en el campo del Racing de Santander acabó en empate, un resultado que dejó al equipo decimonoveno con cinco puntos, en descenso. Antes de su primer partido en casa, contra el Athletic Club, el Valencia no había ganado ninguno de sus cuatro anteriores encuentros ligueros en Mestalla y había perdido los tres últimos allí. Solo una vez en su historia en Primera División ha encadenado cuatro derrotas seguidas como local.

Ahora llega el Villarreal, un equipo que, según Jorge López, excentrocampista de Valencia y Villarreal, ha cambiado mucho con la llegada del entrenador Íñigo Pérez y todavía necesita tiempo para adaptarse, además de notar el peso de la Champions League. No es un rival fácil, pero tampoco imbatible.

El alivio es una sensación, no un plan

Entendemos por qué Aguirre habla así. Un entrenador que llega en plena crisis tiene que rebajar primero la tensión. López, que jugó a sus órdenes en el Zaragoza, elogia justo esa cualidad: quitar presión a los jugadores y darles confianza. Es una virtud real y creemos que es el primer trabajo correcto.

Pero fíjate en el vocabulario de la semana: intensidad, agresividad, personalidad, la afición de Mestalla. Son los ingredientes de una tarde desesperada, no de un modelo de equipo. Nada de lo que hemos visto explica cómo quiere el Valencia construir ataques, presionar o defender. Incluso el cambio del que más se ha hablado hasta ahora es mover el banquillo local al otro lado del túnel, un gesto que, a nuestro juicio, dice más de las costumbres de Aguirre que de una identidad.

Ese es el meollo del asunto. Cuando un club gestiona la ansiedad, cada partido se convierte en un referéndum. Una victoria es un indulto; un empate, una herida. La confianza se agota poco a poco cuando solo se alimenta de resultados, y en una lucha por evitar el descenso los resultados son muy volátiles. Un equipo que no sabe qué va a hacer con el balón suele esperar a que el marcador le diga cómo sentirse.

Tres puntos ayudarían, pero no resolverían nada

Seamos justos: aquí los puntos importan muchísimo. La zona baja de la tabla está apretada y una victoria levantaría el ánimo en un estadio que, en nuestra opinión, ha tenido pocos motivos para celebrar últimamente. Aguirre tiene fama de rescatar equipos, y el Zaragoza es el ejemplo que cita López. No apostaríamos en su contra a la hora de mantener a este equipo en Primera.

Sin embargo, la supervivencia y la identidad son objetivos distintos. Un club con esta historia, cuyo traslado al Nou Mestalla se espera para 2027, debería llegar a su nueva casa con algo más que una salvación de milagro. Si el Valencia gana al Villarreal a base de furia y una jugada a balón parado, lo sensato es agradecerlo, no sacar conclusiones. Seguirán la misma plantilla, las mismas dudas estructurales y un calendario que no espera a nadie.

Nuestro veredicto

Ganad al Villarreal, por supuesto. Pero juzgad a Aguirre por lo que venga después: ¿empieza el equipo a parecer que sabe lo que hace cuando tiene el balón y cuando no lo tiene? Si dentro de tres o cuatro semanas la respuesta sigue siendo «solo necesitábamos un resultado», el problema nunca fue un partido. Fue la ausencia de un proyecto, y ningún entrenador con un contrato a corto plazo puede aportarlo por sí solo. Quienes sí pueden están en el área deportiva, y ahí es donde debería recaer la presión de verdad.

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