La defensa del Atalanta no tiene mala suerte: el equilibrio de Sarri se ha roto
Un 4-4 en casa ante un recién ascendido y 15 goles encajados en ocho jornadas apuntan a un problema estructural, no a mala suerte ni a una gran noche del Frosinone.
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¿Puede un equipo marcar cuatro goles en casa y aun así parecer que ha perdido? El Atalanta acaba de hacerlo. Contra el Frosinone, un recién ascendido, el marcador cambió de manos cuatro veces, y cada vez que el Atalanta se adelantó, le dieron alcance. Eso no es un resultado raro. Es una advertencia.
Los hechos son sencillos. El Atalanta y el Frosinone empataron 4-4 en Bérgamo en la jornada 8. Romano Schmid marcó en el primer minuto, tras un error de Ederson en la salida de balón. Nikola Krstovic respondió con dos goles, Ederson marcó de penalti y Elmas puso el 4-3 en el minuto 50. Aleksa Terzic igualó en el 82 u 83, según la fuente, tras otra asistencia de Farès Ghedjemis, la tercera del día. Según DAZN, el Atalanta suma ya 10 puntos. La cifra que más nos importa son los 15 goles encajados en ocho jornadas.
El récord del Frosinone es el síntoma, no la historia
Los 17 goles del Frosinone en ocho jornadas son el mejor arranque ofensivo del club en la Serie A, según DAZN. La marca anterior era 11. Es tentador construir el relato sobre eso, pero creemos que es el enfoque equivocado. El Frosinone merece su mérito. Aun así, nunca había marcado en el campo del Atalanta en sus tres visitas anteriores a la Serie A. Cuatro goles en una tarde dicen más del anfitrión que del visitante.
El detalle que más llama la atención procede del análisis del partido de Tutto Atalanta. Los disparos estuvieron muy igualados, 21 a 22, y la posesión fue pareja. La cifra que condena son los 11 tiros a puerta que concedió el Atalanta. El mismo texto señala que los goles llegaron por lecturas tardías de las carreras y por una cobertura preventiva que nunca se organizó. A nuestro juicio, eso es un equipo que pierde el control del espacio, no uno que pierde una moneda al aire.
El sistema exige demasiado a muy pocos
Sarri usó un 4-2-3-1. Tutto Atalanta describe a dos mediocentros defensivos protegiendo a una defensa en plena emergencia. Bellanova se retiró lesionado, y la misma crónica señala una lista de convocados reducida. Son atenuantes reales y no deberíamos despacharlos sin más. Pero creemos que solo explican en parte la fragilidad.
Una línea defensiva con pocos efectivos puede sobrevivir de dos maneras: replegándose más o contando con un centro del campo que mantenga las distancias. Nos parece que el Atalanta no hizo ninguna de las dos cosas. Siguió mandando hombres al ataque, y cada pérdida parecía convertirse en una transición. El regalo de Ederson a Schmid en el primer minuto es el ejemplo más claro: un pase arriesgado en la salida de balón que salió mal en el peor momento. Lo leemos como un equipo que sigue intentando jugar un partido de alto riesgo sin la estructura que lo sostenga.
La ecuación entre riesgo y recompensa también empeora. Cuatro goles en casa deberían bastar para ganar la mayoría de los partidos. Cuando no es así, creemos que la causa no está en el ataque, sino en que la defensa no sabe mantener una ventaja más de unos pocos minutos. El Atalanta ganaba 3-2 al descanso y el Frosinone empató a los tres minutos de la reanudación. Así suena una defensa que ha perdido el equilibrio.
Qué debería hacer Sarri ahora
Los pitos de un público de 21.400 personas, tras las derrotas ante el Milan y el Ajax, indican que la paciencia se agota. Nuestra recomendación es poco vistosa: añadir una tercera capa de protección en el centro del campo, aunque sea a costa de la libertad de De Ketelaere, y dejar de tratar cada partido como un intercambio de golpes. De Ketelaere y Krstovic estuvieron excelentes. Malgastarlos en partidos que acaban 4-4 es un mal uso del talento.
Nuestro veredicto es que no es mala suerte ni brillantez del Frosinone. Es un fallo estructural, y la lista de lesionados solo ayuda a verlo mejor. Si Sarri no cambia pronto parte de esa aventura por control, el ataque seguirá produciendo goles y la clasificación seguirá produciendo frustración. Quince goles encajados en ocho partidos son una tendencia, y una tendencia tan ruidosa no se arreglará sola.
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