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El tie-break caótico de Alcaraz en Viena no alarma, pero Paul es una prueba de verdad

Alcaraz superó un tie-break de 13-11 en Viena sin dominar todo el partido, y no pasa nada; la verdadera incógnita es el cuarto de final contra Tommy Paul.

Publicado
30 de octubre de 2026
Lectura
4 min
Categorías
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¿Está en apuros un jugador que gana 6-1 en 29 minutos y luego necesita un 13-11 en el tie-break para cerrar el partido? Creemos que no. Pero Carlos Alcaraz en Viena plantea una pregunta más interesante: ¿estamos ante un campeón cuya forma está volviendo o ante uno que se sostiene con talento mientras el resto llega?

Un set impecable y después una montaña rusa

Según Metro Puerto Rico, Alcaraz ganó a Nikoloz Basilashvili por 6-1 y 7-6(11) y se plantó en los cuartos de final. El primer set duró 29 minutos: nueve golpes ganadores, dos errores no forzados y solo cuatro puntos perdidos con su saque. Después, el segundo set se torció. Basilashvili recuperó el break, Alcaraz acumuló 11 errores no forzados y en el tie-break el georgiano llegó a ir 4-1 arriba y tuvo cuatro bolas de set. El español salvó tres, desperdició tres oportunidades de cerrar y por fin lo consiguió.

El propio Alcaraz definió el tie-break como «una montaña rusa», según cuenta Eurosport. No se nos ocurre una descripción mejor.

Un tie-break tan largo dice tanto del rival como del favorito

La lectura fácil es «Alcaraz se desconectó». Quizá. Pero un tie-break de 13-11 se juega entre dos. Basilashvili, número 85 del mundo, encontró sus primeros saques y empezó a soltar el brazo, y a veces basta con eso. La lectura sensata, a nuestro juicio, es que Alcaraz jugó un set casi perfecto y otro muy humano, y que la distancia entre ambas versiones es grande porque su mejor nivel es altísimo.

También importa el contexto. Estuvo cuatro meses y medio de baja por una lesión en la muñeca derecha y, como apunta que.es, sigue invicto en torneos ATP 500 este año, con títulos en Doha y Tokio. Lo que se pide no es parecer dominador, sino ganar. Perder ese tie-break y verse arrastrado a un tercer set habría sido noticia. Salir airoso es lo contrario de una noticia, aunque haya sido feo.

Dónde seríamos prudentes: los bajones

Nada de esto significa que debamos quitar importancia a lo que enseñó el segundo set. El mismo artículo de que.es lo resume bien: cuando acelera, no hay partido; cuando levanta el pie, se complica. Es un rasgo con encanto en octubre ante un rival del puesto 85. Contra jugadores mejores, un tramo de tenis descuidado como el que llevó el segundo set del 2-0 al 3-3 puede costar un set y, a veces, un partido.

Está también el cuerpo. Que.es señala que una lesión de muñeca como la suya puede dejar huella en el saque y en el revés cortado, y a nuestro juicio ese es el tipo de problema que no se anuncia en el marcador. Probablemente aparezca en los partidos largos, y en Viena se juega en pista cubierta y dura, donde los partidos largos siempre son posibles. Cada ronda suma desgaste y el equipo tendrá que decidir si fuerza o si guarda energías para el tramo final. Nosotros nos inclinaríamos por guardarlas, pero es una opinión desde fuera del vestuario.

Paul es la prueba real

El cuarto de final contra Tommy Paul, número 14 del mundo, estaba programado para el viernes 30 de octubre, no antes de las 15:30, según 20minutos. La documentación de la que disponemos no recoge ningún resultado, así que diremos qué vamos a mirar en lugar de adivinar uno.

Primero, si aparece el Alcaraz del primer set, o al menos si se queda más tiempo. Un 6-1 y un segundo set tambaleante pueden explicarse por el juego del rival. Si la versión descuidada aparece ante un oponente más fuerte, será la señal de que su forma aún no ha vuelto del todo. Segundo, cómo se comporta con el marcador igualado. Salvar bolas de set en un tie-break es tener temple, pero desperdiciar tres ocasiones de cerrarlo es algo que corregir. Tercero, el saque en los momentos apretados: si aguanta la presión, la preocupación por la muñeca se reduce.

Nuestro veredicto

No hay que alarmarse por el tie-break. Fue un susto, no un diagnóstico. El historial es mejor prueba: una racha invicta en torneos ATP 500, una larga baja y un jugador que sigue ganando igualmente. Eso parece talento respaldado por instinto competitivo, no talento que sobrevive de churro.

Pero el partido contra Paul es donde el «¿ha vuelto?» se convierte en respuesta. Si Alcaraz lo gana manteniendo su nivel durante todo el encuentro, el susto ante Basilashvili quedará en una nota al pie. Si vuelve a ganar por los pelos, seguiremos llamándolo victoria, pero empezaremos a preguntarnos si su cuerpo puede llevarle hasta el final de la temporada.

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