Multar a un aficionado del Clásico es fácil. Proteger a los jugadores es la prueba real
El caso Camavinga ha dejado un aficionado identificado y una posible multa, pero la pregunta difícil es cómo logró alguien acercarse tanto a los jugadores.
Imagen generada con IA
¿Está cerrado un caso cuando el culpable tiene nombre y una multa esperándole? En el asunto Camavinga, los titulares parecen sugerir que sí. Nosotros creemos que esa es la lección equivocada.
Un aficionado identificado es el comienzo de la historia, no el final
Según Mundo Deportivo, los Mossos d'Esquadra han identificado y sancionado administrativamente a la persona que intentó agredir a Camavinga y a otros jugadores del Real Madrid mientras celebraban el segundo gol el pasado domingo en el Camp Nou. LaLiga denunció el incidente ante el Comité de Competición de la RFEF y se ha abierto un expediente.
Los Mossos lo denunciaron en virtud de la Ley del Deporte. La sanción podría llegar a 60.000 euros. Si la infracción se califica como grave, la multa va de 3.000 a 60.000 euros. Una calificación de «muy grave» supondría entre 60.001 y 650.000 euros. Las informaciones esperan que se trate como grave porque no hubo daños. También es posible una prohibición de acceso a recintos deportivos de entre seis meses y dos años. La misma información señala que el personal de seguridad del Barça colaboró con la policía y que el aficionado pertenece a uno de los grupos de animación de la Grada 1957.
Nadie debería defenderle. Debe pagar, y una prohibición larga de entrar al estadio sería razonable. Pero una multa se dirige al individuo, y el individuo nunca fue todo el problema.
La misma celebración produjo una segunda señal de alarma
Fíjate en la secuencia. Un aficionado intentó agredir a jugadores durante una celebración. Por separado, extra.ec informa de que en el minuto 87, durante la celebración del segundo gol del Real Madrid, se lanzaron desde la grada del Fondo Norte objetos como una botella de agua y una lata de Coca-Cola. El árbitro, Martínez Munuera, detuvo el juego para lanzar un aviso por megafonía. El Comité de Competición de la RFEF sancionó al Barcelona por una infracción leve. Ninguno de los objetos alcanzó a un jugador.
Sostenemos que estos dos episodios van juntos. Ambos ocurrieron durante la misma celebración, con jugadores visitantes frente a la afición local. Ese es el momento en que un plan de seguridad debería estar más reforzado. Y también es del todo previsible: en un Clásico, un gol del visitante delante de una grada local no sorprende a nadie.
Identificar después no es prevenir
La buena noticia es que los servicios de seguridad del club ayudaron a identificarle. Esa colaboración merece reconocimiento. Pero también revela algo incómodo: el sistema parece funcionar bien para encontrar a los responsables después del incidente. Nuestra opinión es que la seguridad de un estadio se mide por lo que ocurre antes y durante, no después.
La propia comisión disciplinaria del Barcelona se ocupará ahora del caso. Está bien, hasta cierto punto, pero hay un conflicto que conviene nombrar. La persona pertenece a un grupo de animación organizado dentro del estadio del propio club. Un club que depende de esas gradas para crear ambiente puede tener incentivos para ser blando con ellas. Nada de lo que hemos leído explica cómo se controla a ese grupo ni cómo se asignan los asientos, y no pretendemos saberlo. Pero creemos que esas son las preguntas que merecen respuestas públicas.
LaLiga también merece escrutinio. Denunciar el incidente ante la RFEF es el paso esperable, y importa. Sin embargo, en un partido tan grande como el Clásico, pensamos que la protección de los jugadores debería formar parte del producto, con protocolos estándar para las celebraciones frente a las gradas, y no solo un rastro de papeles después. Si existen esos protocolos, las informaciones no lo dicen. Ese silencio es en sí mismo un dato.
Tres cosas que nos gustaría ver ahora
Primero, la prohibición de acceso al estadio debería situarse en la parte alta del rango, y el club debería hacerla cumplir con controles de acceso reales. Segundo, el expediente de la RFEF debería analizar cómo logró esa persona acercarse tanto, y no solo lo que hizo. Tercero, el Barcelona y LaLiga deberían explicar públicamente qué cambiará antes del próximo gran partido en casa.
Nuestro veredicto: celebrar esta identificación como una victoria es un error. Un aficionado multado da un buen titular por un día. Un jugador que pueda celebrar un gol sin mirar por encima del hombro es el verdadero listón, y con ese listón, este Clásico suspendió.
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