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El reinicio de Paul George en los Celtics demuestra que los aspirantes al título valoran ahora la adaptación

Boston no le pide a Paul George que sustituya a Jaylen Brown; le pide a una estrella veterana que haga que la versatilidad, el encaje y el momento importen más que la jerarquía.

Publicado
21 de octubre de 2026
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¿Y si lo más importante del reinicio de Paul George en los Boston Celtics no es si anota como una superestrella, sino si deja de intentar jugar como tal? Esa es la apuesta que hay detrás del drástico cambio de plantilla de Boston: los Celtics no le piden a George que recree a Jaylen Brown. Le piden que haga al equipo más flexible sin exigir que se convierta en su equipo.

El contexto resulta incómodo. Boston traspasó a Brown, MVP de las Finales de la NBA de 2024, a Philadelphia en julio y adquirió a George, que tiene 36 años y se incorpora a su quinto equipo de la NBA. George promedió 17,3 puntos y 5,3 rebotes en 37 partidos con los 76ers la temporada pasada, después de que las lesiones —incluida una operación de rodilla antes de la pasada campaña— interrumpieran sus últimos años. Como informa la NBA, se espera que se convierta en el compañero de Jayson Tatum en el quinteto titular, no en la pieza central de la franquicia.

Esa distinción lo explica todo. La apuesta de Boston puede parecer extraña si se juzga como un reemplazo directo de Brown por George. Resulta más coherente si se entiende como una apuesta por la adaptación, la cobertura de las distintas alineaciones y la toma de decisiones de un veterano alrededor de Tatum.

Boston solo ganará si George acepta tener menos protagonismo

La forma más sencilla de malinterpretar a este equipo de los Celtics es tratar el salario de George como una promesa de una determinada cantidad de puntos. Su salario base para 2026-27 es de 54.126.380 dólares, según Spotrac, pero un contrato no es un libro de jugadas. No obliga a Boston a darle el balón en cada posesión importante y, desde luego, tampoco lo convierte en el sustituto de todo lo que representaba Brown.

Ese precio hará difícil tener paciencia. Los aficionados compararán de forma natural a George con el jugador que se marchó, sobre todo porque la etapa de Brown en Boston estaba ligada a un campeonato y a un premio de MVP de las Finales. Pero la comparación resulta estratégicamente engañosa. Brown y George no tienen que ofrecer partidos idénticos para que Boston funcione. George puede ser valioso abriendo el campo, defendiendo sobre varias posiciones, generando ataque secundario y asumiendo el protagonismo solo cuando la estructura principal se desmorone.

La mejor versión de este acuerdo no es George como primera o segunda opción permanente. Es George como tercera o cuarta opción de alto nivel, capaz de asumir brevemente un papel mayor cuando Tatum no esté disponible o el partido lo exija. No es una degradación. Es una forma más difícil de ser útil, porque requiere leer las necesidades del equipo en cada posesión.

El equipo de Tatum necesita la versatilidad de George, no su antigua jerarquía

El cambio más importante de los Celtics es que Tatum es ahora el rostro indiscutible de la franquicia. El debate sobre quién era el 1A y quién el 1B ha desaparecido con la marcha de Brown, y esa claridad puede ayudar a todos los demás. Payton Pritchard y Derrick White pueden asumir mayores responsabilidades, mientras George ofrece a Boston otro jugador capaz de cubrir carencias sin monopolizar permanentemente el ataque.

Por eso la versatilidad importa más que la nostalgia. Un aspirante al título no puede pedirle a cada estrella consolidada que siga siendo el centro de todos los ecosistemas. Necesita jugadores que entiendan cuándo iniciar la jugada, cuándo atacar un emparejamiento favorable, cuándo defender al mejor anotador rival y cuándo dar un pase extra. La experiencia de George brinda a Boston la posibilidad de construir alrededor de distintos tipos de partidos, en lugar de un único patrón fijo de uso.

El desafío es tanto emocional como táctico. George reconoció que los aficionados de los Celtics tenían un vínculo con Brown y dijo que entendía su reacción al traspaso. También afirmó que no llegaba para «ocupar el lugar ni llenar el vacío de JB», sino para ayudar a que Boston siguiera compitiendo por todo. Ese es el enfoque correcto. Intentar ganar la comparación probablemente lo haría menos útil; escapar de ella puede hacerlo más valioso.

Los Celtics compran opciones, aunque el contrato parezca excesivo

La crítica económica es evidente. Sports Yahoo señaló que el contrato de 110 millones de dólares de George, firmado en 2024, ha recibido críticas. Otro análisis contractual apunta que el último año incluye una opción de jugador valorada en 56,6 millones de dólares. Esas cifras generan una preocupación razonable: Boston está pagando una prima por un jugador que ya no está en su mejor momento.

Pero la construcción de una plantilla no es un ejercicio contable aislado. Boston necesitaba recibir un salario considerable a cambio de Brown, y el contrato de George también puede resultar útil como cifra de emparejamiento salarial si los Celtics buscan otro movimiento más adelante. Eso no convierte automáticamente el acuerdo en una decisión acertada. Sí significa que la operación debe juzgarse como un intento más amplio de conservar las opciones de luchar por el título, no simplemente como la compra de la media anotadora de George.

En nuestra opinión, aquí es donde el cálculo de los Celtics es más sólido. Una estrella en declive puede convertirse en un lastre cuando su papel es rígido. El mismo jugador puede seguir siendo un activo cuando su función es flexible. El valor de George dependerá menos de si se parece a su mejor versión de Los Ángeles o Indiana y más de si Boston puede utilizar distintas versiones de él sin dañar la identidad del equipo.

El verdadero riesgo es esperar una versión rebajada de Brown

El mayor error de Boston sería permitir que la comparación pública dictara la comparación interna. Si George es juzgado cada noche por su producción frente a la de Brown, los Celtics podrían fomentar exactamente el comportamiento equivocado: tiros forzados, un uso excesivo y un intento de demostrar que el traspaso no fue un error.

Un criterio mejor es el funcional. ¿Ayuda George a que Tatum encuentre oportunidades más limpias? ¿Permite que White y Pritchard amplíen sus responsabilidades sin dejar expuesto al equipo? ¿Puede defender y generar lo suficiente para castigar a los rivales que se centren en el principal anotador de Boston? ¿Da su presencia a los Celtics una respuesta creíble cuando las lesiones o los problemas de faltas alteran la alineación preferida?

Esas preguntas son menos dramáticas que «¿Puede George sustituir a Brown?». También son más relevantes para ganar. El análisis de pretemporada de NESN sostenía que las expectativas debían tener en cuenta el papel más reducido de George y la posibilidad de que Boston necesitara más su flexibilidad que un total de puntos que acapare titulares. Es el enfoque sensato.

Por tanto, el capítulo de George en los Celtics debe evaluarse como una prueba de adaptación. Si acepta que el equipo pertenece a Tatum, utiliza de forma selectiva las cualidades que aún conserva como estrella y abraza el trabajo poco vistoso entre posesiones, Boston puede haber encontrado un puente útil entre experiencia y flexibilidad. Si todo el mundo exige una réplica de Brown, el traspaso parecerá peor cada semana.

El veredicto está claro: Boston no debe pedirle a Paul George que sustituya su pasado. Debe pedirle que haga más difícil defender su futuro.

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