Si Alonso no sabe leer la parrilla de Austin, la F1 tiene un problema de claridad
Un doble campeón del mundo calculó que saldría decimotercero o decimocuarto y acabó saliendo duodécimo. Las sanciones de parrilla que confunden a quien las vive restan credibilidad, y la FIA debe corregirlo.
Foto: Lukas Raich / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
Cuando un doble campeón del mundo, con 45 años y décadas en el paddock, sale de la clasificación y se equivoca al calcular su posición de salida, ¿de quién es la culpa? Nosotros creemos que no es suya.
Esto es lo que pasó en Austin. Alonso se clasificó decimoquinto con Aston Martin. En declaraciones a la prensa escrita, dijo que "quizá podamos aprovechar las sanciones mañana. Quizá salgamos decimotercero o decimocuarto", antes de que su equipo le comunicara el resultado real, según Car and Driver. Saldrá duodécimo.
El motivo es una cadena de sanciones por componentes del motor. Primero cayeron Bortoleto y Colapinto, lo que adelantó a Alonso dos puestos. Después, el novato de Racing Bulls Arvid Lindblad recibió una sanción de cinco puestos tras la clasificación. Había sido noveno y bajó al decimocuarto, lo que hizo subir a Alonso una posición más. Nada indica que la FIA haya incumplido su propio reglamento. Simplemente es opaco.
Una norma que necesita una hoja de cálculo no es una norma que el aficionado pueda seguir
La lógica de fondo es defendible. Como explica la propia web de la Fórmula 1, la primera vez que un piloto supera la asignación de un elemento del motor, la sanción es de 10 puestos. Cada exceso posterior cuesta cinco, y todo lo que ocurra en el mismo gran premio se acumula. Si se superan los 15 puestos, se sale desde el final de la parrilla sin más.
Cada pieza tiene sentido por separado. Juntas dan una parrilla que se reescribe por fases, con sanciones anunciadas en momentos distintos, y el orden final depende de quién fue sancionado y cuándo. Es un tetris, y el deporte pide a los espectadores que lo sigan en directo.
A nuestro juicio, un reglamento vale lo que vale su legibilidad. Si un piloto metido en pleno proceso no puede prever el resultado, el aficionado ocasional que ve la sesión un sábado por la tarde no tiene ninguna opción. Y creemos que esos aficionados son justo los que la F1 debería querer conservar.
No es un caso aislado, y ahí está la verdadera advertencia
Austin no es un hecho puntual. La racha reciente de Aston Martin está marcada por este tipo de aritmética. En Bakú, Alonso acumuló 30 puestos de sanción. Los 25 iniciales llegaron por componentes nuevos de Honda, y otros cinco por un almacén de energía adicional montado antes de la FP3. Fue clasificado decimonoveno y salió vigesimosegundo, como detalló Grande Prêmio. En Singapur salió vigesimoprimero tras un cambio de unidad de potencia.
Cuando los resultados de la clasificación se reescriben de forma rutinaria con la matemática de los componentes, la sesión del sábado empieza a parecer un borrador. El propio Alonso bromeó a medias tras Bakú diciendo que su eliminación en la Q1 fue un error de piloto y que "por eso no estamos en la pole". Su equipo ya sabía que los coches saldrían desde el fondo, así que la sesión apenas importaba para la parrilla.
Lo vemos como un problema de credibilidad en dos sentidos. El primero es de comunicación: el orden no está claro justo cuando más hace falta. El segundo es deportivo: el resultado más destacado del día muchas veces no es el que decide la carrera.
Qué debería hacer realmente la FIA
Nada de esto significa que haya que eliminar el sistema de sanciones. Limitar los componentes del motor tiene un propósito real, y los equipos con unidades de potencia poco fiables, como la de Honda para Aston Martin este año, no deberían tener vía libre. Nuestra queja es sobre la forma, no sobre el principio.
Nuestras recomendaciones son sencillas, y son opiniones nuestras, no propuestas de la FIA:
- Publicar una única parrilla provisional final y consolidada en cuanto se confirmen las sanciones, y marcar claramente cada revisión.
- Mostrar el cálculo, piloto por piloto, en lenguaje claro.
- Fijar un límite a partir del cual ninguna sanción más altere el orden o, al menos, anunciar los cambios tardíos en el mismo documento.
Este deporte ya genera toneladas de datos, y una tabla de parrilla no debería ser lo más difícil de encontrar.
Lo irónico es que Alonso se fue de Austin de buen humor. "Cuando estás en la pelea, lo disfrutas un poco más, y estamos en la pelea", dijo. Esa es la historia de la que deberían hablar los aficionados: un coche que ha recuperado ritmo y un veterano a la caza de puntos. En cambio, la conversación gira en torno a una parrilla que nadie sabía explicar. La FIA puede arreglarlo sin tocar una sola norma. Solo tiene que decir con claridad dónde sale cada uno.
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